Esteban: guardián de casilleros y testigo del lento adiós a las cartas de amor.

Hoy se resisten a su extinción, aunque en San Francisco del Rincón ha disminuido su uso cerca del 90% en los últimos años.

En el emblemático edificio de Correos, ubicado en el corazón de la ciudad, los apartados postales aún permanecen en pie como testimonio histórico de un servicio que durante décadas fue casi indispensable para la comunicación de la población.

Los apartados postales surgieron como una solución para personas sin domicilio fijo, comerciantes y empresas que necesitaban un punto seguro para la recepción de su correspondencia, brindando confidencialidad y seguridad. Su mayor auge se registró durante el siglo XX, cuando la carta era el principal medio de comunicación interpersonal, incluso para parejas separadas por miles de kilómetros, sobre todo de EUA.

 

 

De acuerdo con Esteban López, empleado postal con 34 años de servicio, en esta oficina existen alrededor de 200 casilleros, y aunque hubo un repunte durante la pandemia, hoy únicamente 10 continúan en uso. Antes de pasar al 2026, la renta anual rondaba los 300 pesos.

Señaló que quienes más recurrían a este servicio eran habitantes de comunidades rurales, empresas y personas que mantenían correspondencia constante, como los enamorados que encontraban en las cartas una forma de acortar distancias.

 


“Habia un muchacho que venia diario, y me decia chécale, pero no le llegaba nada y un día le llegó una carta. Abrió su apartado y hubieran visto, la alegría del muchacho cuando abrió su carta; era carta de la novia de EUA”, mencionó Esteban.

 

Él destacó que el apartado postal siempre ha sido un servicio confiable, pues incluso si se han acercado personas a preguntar por esta modalidad, aunque al momento se encuentra temporalmente cerrados, en espera de una actualización en los costos de renta.

Aunque la tecnologias ha contribuído a la baja en la demanda, señaló que tambien han adoptado nuevas modalidades al servicio postal, como una aplicación móvil para el rastreo de envíos, acondicionando a las necesidades actuales.

 

“Aquí el correo siempre ha sido seguro y confiable, nomás denle su tiempo para que le llegue bien a la persona que se lo van a mandar”, apuntó.

 

Con más de tres décadas dedicadas al correo, Esteban López compartió que ser trabajador postal fue un sueño que tuvo desde niño. Entre sus recuerdos más entrañables se encuentran las anécdotas de cuando repartía correspondencia en bicicleta, y en una ocasión lo persiguieron los perros, que aunque es cliché, también es el reflejo de una época en la que el correo era parte esencial de la vida cotidiana.

 

“Son muchas anecdotas que tengo en el tiempo que llevo aquí trabajando”, concluyó emocionado.

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